y en la ingravidad del fondo,
donde se cumplen los sueños,
se juntan las voluntades para conseguir un deseo.
Un beso enciende la vida con un relámpago y un trueno.
Y en una metamorfósis mi cuerpo,
no es ya mi cuerpo,
es como penetrar al centro del universo.
El abrazo más pueril y el más puro de los besos.
Hasta vernos reducidos en un único deseo.
Tu mirada y mi mirada como un eco repitiendo sin palabras: más adentro, más adentro...
Hasta el más allá del todo por la sangre y por los huesos.
Pero me despierto siempre... Y siempre quiero estar muerto...
para seguir con mi boca enredada en tus cabellos.
Ramón Sampedro
fragmento de "Cartas desde el infierno"