domingo, abril 29, 2007

Tao Te King (XV, XVI)

XV

Los sabios perfectos de la antigüedad
eran tan sutiles, agudos y profundos
que no podían ser conocidos.
Puesto que no podían ser conocidos,
sólo se puede intentar describirlos:
Eran prudentes, como quien cruza un arroyo en invierno;
cautos, como quien teme a sus vecinos por todos lados;
reservados, como un huésped;
inconstantes, como el hielo que se funde;
compactos, como un tronco de madera;
amplios, como un valle;
confusos, como el agua turbia.
¿Quién puede, en la quietud, pasar lentamente de lo turbio a la claridad?
¿Quién puede, en el movimiento, pasar lentamente de la calma a la acción?
Quien sigue este Tao
no desea ser pleno.
No siendo pleno
puede quedar en lo viejo
sin renovarse.


En las primeras líneas se hace referencia a la imposibilidad de conocer, de describir a un "sabio". Es aquí donde aparece la misma relación que sobresale en otras filosofías orientales acerca de como resulta "imposible" describir con palabras ese estado de "iluminación", "sabiduría" o "santidad" alcanzado por un ser humano realizado, por ende en el fondo no es posible conocer verdaderamente a ese ser. Es común que los "gurúes" de la India siempre achaquen sobre el hecho de la negación de la palabra como medio para describir su estado dado que ese estado sólo es experimentable nunca definible, explicable.

Confieso que las demás líneas de este verso son las que más me cuesta comprender. Supongo que las ideas son muy difusas, divagan mucho entre los extremos de lo que se describe, la parábola de los opuestos descritos no me queda demasiado clara.


XVI

Alcanza la total vacuidad
para conservar la paz.
De la aparición bulliciosa de todas las cosas,
contempla su retorno.
Todos los seres crecen agitadamente,
pero luego, cada uno vuelve a su raíz.
Volver a su raíz es hallar el reposo.
Reposar es volver a su destino.
Volver a su destino es conocer la eternidad.
Conocer la eternidad es ser iluminado.
Quien no conoce la eternidad
camina ciegamente a su desgracia.
Quien conoce la eternidad
da cabida a todos.
Quien da cabida a todos es grandioso.
Quien es grandioso es celestial.
Quien es celestial es como el Tao
Quien es como el Tao es perdurable.
Aunque su vida se extinga, no perece.



Y este verso, confieso, es uno de los que más me gustan y rescato. Empieza describiendo como en el estado de vacío absoluto (mente vacía) todo cabe porque todo es aceptado. Con la aceptación de que "todo lo que es" y "todo lo que ocurre" es lo mejor que puede pasar (lo que sucede, conviene) se logra el estado de paz. El aceptar lo que sucede, sin embargo, no es sinónimo de inacción cuando vemos que lo que ocurre no está bien, sino que creo que estas primeras líneas se refieren más bien a aceptar de que se llegó a una situación determinada por una causa y que, en ciertos casos, de querer evitar que eso ocurra nuevamente se deben cambiar algunas cosas, pero nunca lamentarse o quedarse en lo que ocurrió; lo sucedido en última instancia ocurrió y fue. Se acepta y se sigue, si se quiere se cambia para tratar de evitar que no vuelva a suceder, creo que la idea central apunta a esto.

"De la aparición bulliciosa de todas las cosas, contempla su retorno." Ver como en el supuesto caos de todo lo que es y nos rodea subyace un vacío absoluto común desde donde todo surge. Todo es contenido mientras "es" y es en ese espacio vacuo de paz donde volverá a sumergirse cuando ya "no sea". Del reposo surge el movimiento y al reposo se vuelve.

Las últimas líneas no requieren mayor explicación, son las más hermosas y fantásticas de todo el verso.






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